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viernes, 19 de noviembre de 2010

Aceituneros-Miguel Hernandez

Hola amigos aqui os dejo la cancion de aceituneros:


Aceituneros - Miguel Hernandez

Andaluces de Jaén
aceituneros altivos
decidme en el alma: ¿ quién ,
quién levantó los olivos ?

No los levantó la nada ,
ni el dinero , ni el señor ,
sino la tierra callada ,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos ,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate , olivo cano ,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento .

Andaluces de Jaén ,
aceituneros altivos ,
decidme en el alma:¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre , vuestra vida ,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza ,
que os pisoteó la frente ,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del dia
eran principio de un pan
que solo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna ,
los pies y las manos presos ,
sol a sol y luna a luna ,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén ,
aceituneros altivos ,
pregunta mi alma:¿de quién ,
de quién son estos olivos?

Jaén ,levantate brava
sobre tus piedras lunares ,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la calridad
de aceite y sus aromas ,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Sólo quién ama vuela - Miguel Hernández


Sólo quien ama vuela

Sólo quien ama vuela.
Sólo quien ama vuela.


Amar... Pero ¿quién ama?
Volar... Pero ¿quién vuela?
Pero ¿quién ama?
Pero ¿quién vuela?
Sólo quien ama vuela.
Sólo quien ama vuela.


Un ser ardiente, claro de deseos, alado,
quiso ascender, tener la libertad por nido.
Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado.
Donde faltaban plumas puso valor y olvido.

Iba tan alto a veces, que le resplandecía
sobre la piel el cielo, bajo la piel el ave.
Ser que te confundiste con una alondra un día,
te desplomaste otros como el granizo grave.

Sólo quien ama vuela, Sólo quien ama vuela.
Conquistaré el azul ávido de plumaje,
pero el amor, abajo siempre, se desconsuela
de no encontrar las alas que da cierto coraje.

Los brazos no aletean. Son acaso una cola
que el corazón quisiera lanzar al firmamento.
La sangre se entristece de debatirse sola.
Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento.

No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas
por estas galerías donde el aire es mi nudo.
Por más que te debatas en ascender, naufragas.
No clamarás. El campo sigue desierto y mudo.

Cada ciudad, dormida, despierta loca, exhala
un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve
como un élitro ronco de no poder ser ala.
El hombre yace. El cielo se eleva. El aire mueve.